claves para gestionar la relación con tu hijo adolescente

3 claves para gestionar la relación con tu hijo adolescente

 

Tratar con tu hijo adolescente puede convertirse en un verdadero desafío. Los cambios a nivel físico y psíquico que nuestros hijos experimentan en esta etapa de la vida, tienen gran repercusión en la manera como se comportan e interactúan con nosotros.

 

Este comportamiento genera confusión y frustración en los padres, y puede resultar en una relación conflictiva dentro del entorno familiar.

 

Entender qué pasa te ayudará a comprender porqué tu hijo en un momento dado llora, y al minuto siguiente está riéndose. Porqué te habla con agresividad, y por la noche se acurruca a tu lado para ver una película…Tu retoño, que hasta hace nada te admiraba y te contaba todo, hoy se encierra en su habitación durante horas y ya no comparte contigo las cosas que le pasan…

 

Con el objetivo de que puedas superar este momento de frustración, te expongo 3 claves para gestionar la relación con tu hijo adolescente desde la compasión y el amor.

 

1) Entender que esta etapa supone una pérdida psíquica y emocional para ellos.

 

Los padres o cuidadores dejan de ser seres a los que idealizan, para de repente aparecer como personas llenas de defectos.

 

Si queremos que esta etapa con tu hijo sea de crecimiento y aprendizaje para todos, lo primero que debes entender es que tu hijo se encuentra en una fase de duelo y que le cuesta ver más allá de tus errores y defectos.

 

Lo siento, ya no eres el héroe de su historia, sino un ser de carne y hueso con los defectos subrayados en rotulador fosforito.

 

Esta fase de la vida será más o menos complicada en función de cómo haya sido vuestra relación durante la infancia. Para gestionar y entender cabalmente cómo se comporta tu hijo, lo primero que deberás hacer es una reflexión personal muy sincera acerca del padre o madre que has sido hasta ahora. Sin culpabilizarte, solo con el objetivo de mejorar la relación.

 

2) Comprender que tu hijo adolescente está en una etapa de cambio físico muy significativa.

 

La adolescencia supone una revolución hormonal en toda regla. El impacto de este «chute» hormonal va acompañado de cambios físicos importantes, que a la mayoría de los adolescentes les cuesta mucho aceptar de primeras. Sufren al mirarse al espejo, encuentran vello donde antes no había, se ven la nariz grande, las extremidades desproporcionadas, granitos en la cara, etc.

 

De repente, les cuesta reconocerse cuando se ven en el espejo o en fotos. Necesitan tiempo para ir asimilando esta nueva realidad.

 

Ser conscientes de esto nos ayuda a armarnos de paciencia ante el mal humor que puedan tener, la tristeza repentina y todos los cambios de ánimo que tiene un adolescente a lo largo del día.

 

La mayorías de las personas tenemos empatía hacia las mujeres embarazadas, precisamente por estar en un momento de mucho revuelo hormonal. La misma actitud deberíamos tener hacia los adolescentes.

 

3) Saber que un adolescente encuentra muchas dificultades para reconocer sus propios errores.

 

Les duele ver sus defectos y les cuesta reconocerlos. La tendencia habitual es negar que se han equivocado o que han hecho algo mal. Cuando te desesperes porque tu hijo adolescente se justifica hasta el infinito, piensa que es algo normal. Con paciencia y guía podrán reflexionar sobre sus fallos y áreas de comportamiento a mejorar.

 

De todo lo anterior se deriva lo que se llama «depresión adolescente». No te asustes, no me refiero a una depresión de tipo clínico que requiera medicación o una atención especializada. Se trata de una fase en la que están gestionando el duelo de pasar de la infancia a la vida adulta.

 

Este proceso puede ser más o menos traumático y difícil en función de la personalidad de cada adolescente, pero entender todo lo que le está pasando a tu hijo te va a permitir tener empatía y paciencia, para ayudarle desde el amor y la comprensión.

 

Una vez que entendemos cómo es el camino que transita nuestro adolescente podemos gestionar mejor el día a día del grupo familiar…

 

Uno de los aspectos que generan más estrés es el de tener orden en la habitación. Entras a la habitación de tu hijo y te encuentras un caos de ropa en el suelo, papeles y cuadernos tirados, ropa colocada de cualquier manera en los armarios…Una leonera.

 

Ya sabes bien de qué te hablo…😬

 

La habitación de tu hijo adolescente representa todo lo infantil que debe reconstruir de una forma nueva. Está en el proceso de «desordenar» el orden infantil.

 

Esto genera frustración en padres y cuidadores, ya que no entendemos porqué todas esas normas que habíamos establecido cuando eran niños ahora parece que las han olvidado. Ya no colocan sus cuadernos en su sitio, ni doblan la ropa ni la meten cuidadosamente en cajones, tal y como les enseñamos de pequeñitos. Ahora tienen todo «manga por hombro».

 

habitación desordenada

 

No es que hayan olvidado lo que con tanta paciencia les enseñamos, es que están cambiando psíquicamente y eso se refleja en su entorno más inmediato. Un adolescente tiene la necesidad de romper con su infancia para ir creando un orden nuevo. Nuestro rol es ayudarles en ese proceso, no permitiendo el caos y el desorden, pero sí actuando con flexibilidad.

 

Si tomamos una actitud rígida es como si les dijésemos que tienen que ser niños de nuevo. Y no queremos eso, queremos que crezcan, maduren y sean capaces de desarrollar su propia personalidad.

 

Cuando actuamos con autoritarismo nuestro adolescente no se siente comprendido en todo ese revuelo que lleva dentro de sí y esto impacta de forma negativa en su autoestima.

 

Aunque te irrite, tienes que entender que un adolescente necesita desordenar para encontrar un nuevo orden. Necesitan y demandan ese espacio de crecimiento personal.

 

Y ahora me dirás que todo esto está muy bien, pero mientras tu querido adolescente se encuentra a sí mismo, necesitas pautas para poder gestionar todo este lío…Y eso es precisamente lo que te voy a contar a continuación.

 

Las 2 pautas más importantes para gestionar la convivencia con uno o varios adolescentes:

 

  • Rehacer normas y pactarlas.

Pues sí, hay que empezar de nuevo. O enfocar las normas de una manera diferente. Cada quien tiene determinadas reglas en su casa y de eso en concreto no vamos a hablar en este post. Pero sí es importante entender que sean cuales sean esas normas, tendrás que pactar algunas de ellas con tu hijo. Preguntarle cómo lo haría.

 

Si tu adolescente se siente partícipe de ese proceso será más fácil lograr su compromiso con las normas. Además, le demostrarás que tienes confianza en su criterio y que valoras sus opiniones y puntos de vista. Esto impacta positivamente en su autoestima.

 

Deja las normas por escrito. Si se incumplen irán asociadas a una consecuencia concreta directa. Que no haya dudas sobre lo que va a pasar si una norma es incumplida. Por ejemplo, dejar la habitación como si hubiese pasado un huracán antes de salir de casa, supone estar un día entero sin uso de pantallas móviles.

 

Cumple con el castigo. La empatía hacia tu hijo no está reñida con los límites y la disciplina.

 

  • Dejar claro todo aquello que no es negociable.

Habla con sinceridad con tu adolescente: hay cosas sobre las que no cabe discusión posible. Debe tener claro que vivís dentro de un núcleo familiar y una sociedad, así que hay cosas que no se permiten:

 

Violencia física y/o verbal, ni hacia los demás ni hacia ellos mismos.

Respuestas groseras, maleducadas o agresivas.

No tener hábitos de higiene: ducha, lavado de dientes.

Respetar las horas de sueño: hay que dormir un promedio de 8 horas cada noche. El descanso es fundamental para mantener una buena salud física y mental.

Tener unos hábitos alimenticios saludables basados en comida real: las golosinas, refrescos y comida rápida deben ser siempre una excepción. Nunca la norma.

Ser desconsiderado con el resto de la familia: no ocupar el cuarto de baño durante mucho tiempo, si tiene que compartirlo con padres o hermanos, por ejemplo.

No hacer ningún tipo de actividad física. Practicar algún deporte o actividad física es crucial para tener una buena salud emocional y física.

 

La convivencia con un adolescente es una oportunidad para fortalecer los vínculos de amor y confianza con nuestros hijos. Es una etapa que, gestionada desde el amor y la comprensión, les va a ayudar a convertirse en adultos responsables y sanos emocionalmente.

 

Si quieres leer más sobre este tema o que profundice en algún punto concreto, deja tu comentario más abajo.

 

Si necesitas ayuda para gestionar la relación con tu hijo adolescente, puedo ayudarte. Ponte en contacto conmigo.

 

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