pornografía y prostitución

Pornografía y prostitución, dos caras de una misma moneda.

¿Cuál es el origen de la palabra pornografía?

 

La palabra pornografía es un término de origen griego que significa «la descripción (grafia) de la prostituta (porné)».  Como ves, queda claro ya para empezar que existe una vinculación entre pornografía y prostitución. En ambos casos se trata de usar a las mujeres como instrumentos para satisfacer el deseo sexual de una persona, mayoritariamente de un adulto de género masculino.

 

No se debe confundir la pornografía con el arte erótico. La pornografía se diferencia del arte erótico en que en este el artista pone energía en su obra y la carga sexual se desarrolla entre los protagonistas. En cambio, los contenidos pornográficos muestran un objeto sexual como producto que se vende directamente a un espectador.

 

La prostitución también coloca a la mujer como objeto de consumo pasivo por parte de un individuo que compra una fantasía sexual.

 

En este artículo mi objetivo no es plantear una crítica desde un punto de vista moral sobre la pornografía, sino de hacer algunas reflexiones, basadas en ponencias y estudios, sobre cómo el visionado de contenidos pornográficos puede modelar el comportamiento de las personas, especialmente el de las de género masculino. Además de dejar clara la relación que existe entre pornografía y prostitución.

 

En cuanto a la opinión sobre la pornografía, existen dos corrientes:

 

  • Una que la relaciona con la libertad sexual y de expresión.
  • Otra que la considera un instrumento de explotación hacia el cuerpo de las mujeres.

 

En España, aun existe el concepto de que el visionado de contenidos pornográficos es positivo y se le asocia al concepto de libertad sexual e inclusive, de igualdad. El hecho de posicionarse en contra muchas veces se considera como conservador y ligado a la religión católica.

 

El problema aquí es que no se hace una reflexión real sobre qué transmiten los contenidos pornográficos, ni el impacto que tienen en el comportamiento sexual y afectivo de hombres y mujeres.

 

¿Por qué es tan importante esto?

Porque actualmente los jóvenes tienen como principal fuente de educación sexual la pornografía. Y acceden a contenidos de este tipo de forma rápida y gratuita a través de Internet. Para ellos ya no son importantes las opiniones de sus iguales y tampoco preguntan ni consultan con adultos.

 

¿Y qué sucede en las escuelas en cuanto a formación en sexualidad?

Los contenidos de los programas relacionados con sexualidad, en su mayoría, se centran en explicar cómo es el aparato genital y su funcionalidad. En algunos centros, en la asignatura de Valores, se habla de relaciones afectivas y sexuales, pero de una forma limitada y superficial. No existen programas serios de formación en sexualidad, y la formación que se da depende del profesor y no de la existencia de programas sobre sexualidad consciente e igualdad de género.

 

¿Qué sucede entonces?

Que en el imaginario de hombres y mujeres se forman y reafirman creencias dañinas sobre sexualidad y relaciones afectivas.

 

Y es que la pornografía, en su mayor parte, tiene un impacto muy negativo en la manera en la que nos relacionamos con nuestra sexualidad. Según Peter Szil, en una de sus conferencias, habla específicamente de esto, y de la manera en la que la pornografía reafirma un tipo de masculinidad dañina y perpetúa la violencia hacia el cuerpo de la mujer:

 

Szil relaciona directamente la pornografía con la prostitución. Afirmando que la primera es el marketing de la segunda. No olvidemos que la industria del porno es una de los negocios más rentables de nuestra civilización.

 

La educación sexual de nuestros jóvenes está entonces en manos de una industria cuyo objetivo es ganar dinero.

 

  • La pornografía se ha convertido en el método mediante el cual los hombres aprenden e internalizan un rol masculino, pero de ninguna manera es educación. La inmensa mayoría de los estudios sobre esta temática confirman que son los hombres quienes consumen mayoritariamente contenidos porno.

 

Así nos va.

 

  • Los contenidos pornográficos, igual que la prostitución, perpetuan la idea de que hay mujeres que no tienen valor como seres humanos, y cuyos cuerpos están dispuestos para satisfacer necesidades inmediatas y muchas veces violentas de los hombres.

 

Reafirman la idea de que hay mujeres valiosas y respetables, y otras que no merecen respeto y que están al servicio de sus deseos. En este caso, tanto la mujer venerada como la despreciada, están siendo cosificadas y consideradas bajo un prisma patriarcal. No puede haber libertad sexual ni igualdad de género mientras se considere que unas mujeres valen menos que otras.

 

  • La pornografía aviva la fantasia masculina de sometimiento y violencia. Romantiza la idea de la violación y la humillación, como algo deseable inclusive por las mujeres.

 

  • No considera nunca la satisfacción del deseo sexual femenino como algo relevante. Bueno, ni siquiera lo considera. Lo hace directamente invisible. Es abrumador el número de hombres que ignoran el deseo femenino, y de mujeres que sienten que deben primero satisfacer las necesidades sexuales de sus compañeros como si fuese un mandato ineludible.

 

Es cierto que existe una pornografía feminista (diferente a la pornografía para mujeres), pero es de consumo minoritario y de pago (no circula de forma gratuita y libre por internet). Y aún siendo feminista, tampoco se le puede considerar como un método de educación sexual.

 

¿Qué repercusiones tiene todo lo anterior en las relaciones afectivas de las personas?

 

  • Muchos hombres directamente se desvinculan de sus propios sentimientos y emociones, y no son capaces de gestionar las dificultades que supone mantener una relación afectiva en la vida real. La pornografía es ciencia ficción, una fantasía, y muchos hombres no son conscientes de eso. Lo ven como algo real, no como una ficción.

 

  • Esta ficción les lleva a otra creencia y es la de que existe un tipo de relaciones sexuales que solo es posible mantener con un tipo de mujer. Mujeres dispuestas a soportar todo tipo de humillaciones y cuyos cuerpos están a disposición del deseo masculino, siempre que puedan pagar por ello, como con cualquier clase de mercancía. Pornografía y prostitución, de nuevo.

 

Queda claro que la pornografía y la prostitución van de la mano, y ambas se sustentan sobre un concepto del rol masculino basado en la desigualdad de género. De hecho, muchos hombres que no son usuarios de los servicios de prostitución tienden a defenderla, creyendo el mito aquel de que es la profesión más antigua de la humanidad y de que el deseo primitivo sexual del hombre necesita ser satisfecho de forma recurrente e inmediata.

 

Si queremos cambiar la forma en la que nos relacionamos hombres y mujeres y llegar a mantener verdaderas relaciones de igualdad se necesita que los hombres estén dispuestos a adoptar una idea diferente de masculinidad, que no esté basada en los privilegios de género ni en el abuso.

 

¿Cómo lograr esto?

Sería interesante mirar el ejemplo de un pais como Suecia. En este país se enfoca la ley en el cliente que se aprovecha de la mujer prostituída. Y aunque durante los años 60 se promovía abiertamente la pornografía, a partir de los 80 se tomó una postura radicalmente contraria para gestionar su uso, asumiendo que solamente promueve la desigualdad y la violencia contra el cuerpo de las mujeres.

 

Es necesario legislar, pero es casi más importante educar.

Nuestros jóvenes necesitan programas realistas de educación sexual, que no solamente se basen en la técnica para ponerse un preservativo y evitar enfermedades de transmisión sexual, sino en fomentar relaciones afectivas basadas en el respeto y la igualdad. En la importancia de querer nuestros cuerpos y de disfrutar de una sexualidad verdaderamente libre, segura y consciente.

 

Si te interesa leer sobre otros temas relacionados con salud mental, relaciones tóxicas, familia…entra en mi blog.

 

Que tengas un feliz día.

 

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